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(C)2 v Castillo de Vulpellac
Reconvertido en palacio en los siglos XVI y XVIII. Hay una leyenda en el castillo, basada en las inscripciones “ego sum qui pecavi” (yo pequé) presentes en los marcos de algunas ventanas así como algunos azulejos. La leyenda dice que Miguel Sarriera, el propietario del castillo en la época se casó con una muchacha del pueblo: su antiguo pretendiente, despechado, presentó falsas pruebas de infidelidad de la esposa al marido, el cual la condenó a ser enterrada viva. Años después, el despechado, a punto de morir, llamó al señor del castillo y le confesó la verdad. El marido, horrorizado de su crimen, llenó el comedor y el dormitorio de inscripciones que le recordaran su pecado pidiendo misericordia.